
Qué nueva entrada ni qué ocho cuartos. Hoy estaba en la ciudad con dos muy, muy queridas amigas mías paseando, una más querida que otra pero querida al fin, y me preguntaba por qué demonios estaba tan tranquilo el día. La situación fue un tanto extraña porque se suponía que iba a ir al dentista lo cual ya no fui. Las iba a dejar comer solas y tampoco hice y nos íbamos a regresar temprano, y pues eso más o menos pasó. El día comenzó temprano, todo iba muy bien, y decidimos ir a vender una Epiphone Special II, muy bonita, y pues pagaron algo que era, digamos.. justo. Lo que es injusto que es que uno tenga que recurrir a hacer estas cosas para poder tener un poco de dinero. Lo increíble es que uno se tiene que deshacer de las cosas que realmente quiere si quere salir adelante, no siempre, pero ocasionalmente pasa.
Un instrumento es como un hijo.. uno aprende con él, se adueña de él, aveces hace de él lo que uno quiere y al final, el instrumento sigue estando ahí. Bueno, está bien, es como un amigo. Pero también es como un hijo, al que le has comprado muchas muchas cosas, en el que has invertido mucho dinero, en el que has estado invirtiendo tiempo para aprender más de él y con él. En el que has pasado horas de diversión pero también de frustración. En el que has depositado toda tu confinanza para lograr alguna pieza o en algún recital o en alguna ejecución exitosa. En él, puedes lamentarte todo lo que sea posible, pero nunca hecharle la culpa. Él siempre te obedecerá, algunas veces con dificultades pero si lo haces con cariño, si lo haces a consciencia, seguro lo hará, dará el tono, con la fuerza, con el tiempo perfecto.
Un instrumento representa hasta quién eres en la vida. Representa tus gustos y tu manera de ser. Representa tu modo de ver la vida. Representa tu identidad, y puede que tengas muchos instrumentos, pero todos en conjunto te hacen uno sólo. No dependes de uno, dependes de todos y todos en su conjunto te forman. Una guitarra, un bajo, una batería, una trompeta, un acordeón, una harmónica, un xilófono, un saxofón, un trombón, una marimba, unos timbales, unas maracas, un clarinete, una tuba, un violín o hasta el arpa pueden dar a entender todo un concepto, una idea y un arte verdaderamente complicado que tú con tu hijo puedes hacer sencillo, melodioso y hermoso.
Cuando vendes un instrumento, es como si vendieras un hijo. Como si renunciaras a él, y no se puede reemplazar por ningún otro. Ningún otro puede llenar como lo hizo el primero. Ningún otro, puede satisfacer las necesidades que tengas en uno, ni la confianza que hayas depositado en el original. Cada uno es irremplazable y único. Cada uno es especial, todos tienen una historia, y esa historia por pequeña que sea, lleva algo de tí, cada instrumento lleva parte de tí y tú de ellos. Rencunciar a este hijo hace que se te ponga chinita la piel, que se te haga un nudo en la garganta y te den ganas de llorar. Renunciar a un hijo de estos, hace que no te den ganas de regresar, por que te llena de nostalgia el pecho, que se inflama, y exclama: "¿¡Por qué!?"
Renunciar a un hijo sólo puede sanarse con tres maneras:
1.- Estar consciente de lo que uno está haciendo, sabiendo que es posible que no vuelva jamás este hijo querido.
2.- Tratar de llenar ese hueco que ha dejado el hijo original por otro hijo de peor, igual o mejores características, y pensar que el anterior ha sido reemplazado por algo "mejor" o, simplemente reemplazado.
3.- Que ese hijo prodigio, de manera misteriosa y no pensada, vuelva a tí, como un regalo tan especial como el cariño que se te pueda tener en esta vida, pensando que es lo que deseas, pensando en una sonrisa, pensando en tu felicidad.
Baby come back, any kind of fool could see
There was something in everything about you
Baby come back, you can blame it all on me
I was wrong, and I just can't live without you
All day long, wearing a mask of false bravado
Trying to keep up the smile that hides a tear
But as the sun goes down,
I get that empty feeling again
How I wish to God that you were here